
Se las pagan a un precio tan debajo de su coste que ha preferido darlas a organizaciones de ayuda humanitaria
HUERTOR VEGA
Antonio Hurtado está sentado en su silla de anea a la sombra de una higuera y a la entrada de su cortijo cerca del Barrichuelo, entre Huétor Vega y La Zubia.
Con el sombrero de paja calado y la parsimonia de los hombres del campo. Está esperando a que vengan a llevarse sus patatas gratis, sí gratis, porque le pagan por kilo la tercera parte de lo que supone el coste de la cosecha «y en principio pensamos meter la rotavator y levantarlo todo, pero pensé que hay mucha gente necesitada y esto es alimento».


























