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¿Eres moro o cristiano?

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 08/08/2011

La localidad de Benamahoma ha celebrado durante este fin de semana las tradicionales Fiestas de Moros y Cristianos

BENAMAHOMA

Cuyo plato fuerte es la recreación de las luchas entre ambos grupos

El estruendo con sabor a pólvora de los trabucos ha inundado durante este fin de semana la localidad serrana de Benamahoma, donde las Fiestas de Moros y Cristianos, dedicadas a San Antonio de Padua, alcanzan hoy su fin.

Aunque no existen documentos históricos locales que especifiquen el comienzo de estas celebraciones, se sabe que se trata de un evento único en Andalucía occidental, cuya peculiaridad provoca que cada año los turistas tripliquen la población del lugar, que oscila entre los 300 y los 400 habitantes.

La alegría de esta fiesta, esperada durante todo el año, tuvo su punto negro en la tarde del sábado, cuando un sevillano de 39 años falleció a las 19:50 durante la primera de las dos sueltas de vaquillas, con tan mala suerte que fue arrollado por una de ellas y se golpeó en la cabeza con un escalón. Por ello, las sueltas de ayer y hoy fueron suspendidas. A pesar del inesperado incidente, los benamahometanos y los turistas que se acercaron para disfrutar de las fiestas, pudieron participar en un gran abanico de celebraciones, cuyo punto fuerte fue, sin duda, las recreaciones de las luchas entre moros y cristianos.

Las peculiares peleas, que se desarrollaron durante la mañana del sábado y del domingo, comienzan en la Asociación Cultural Moros y Cristianos, que se configura como el único punto neutral para los dos bandos durante el rato que tardan en prepararse. A las 12 de la mañana del sábado, ambos grupos, ataviados con espadas y escudos y un vestuario que provoca que el espectador se traslade con facilidad a la época, avanzan a golpe de trabucazo y gritos tales como “¡Que se note que somos nazaríes!” por las calles de Benamahoma. Su objetivo es encontrarse en la plaza de toros, donde también trasladan la imagen de San Antonio. El sonido de los disparos ensordece y es que, según señala uno de los participantes en el bando moro, se pueden gastar alrededor de 13 kilos de pólvora.

Una vez en la plaza, los jefes de cada grupo se retan a voz de verso con letras dedicadas al patrón que, a su vez, incitan al contrario a iniciar la pelea. Tras ello, ambos bandos comienzan a luchar en el suelo bajo la presencia y el cuidado de una persona encargada de que la recreación no pase a mayores. A lo largo del recorrido, que el sábado culminaría en la Capilla de San Antonio, la comitiva realiza diferentes paradas en las que aprovecha para “refranearse” entre ellos con letras picantes con las que se insultan con gracia a través de un lenguaje plagado de referencias a acontecimientos sucedidos en la región. Cuando las improvisadas réplicas alcanzan su fin, ambos bandos vuelven a lanzarse al suelo para luchar bajo la mirada de los asistentes, que varían entre la expresión de sorpresa y la gracia.

Según cuenta Evaristo Sánchez, presidente de la Junta Directiva de la Asociación Cultural de Moros y Cristianos, algunas de las letras que se lanzan durante el acontecimiento van pasando de generación en generación, o simplemente se inventan cada año. En cualquier caso, hasta el momento de la lucha, nadie conoce el contenido de los versos que utilizarán los jefes de cada bando. Uno de los participantes del bando cristiano asegura que todo aquél que “viene a las luchas de Moros y Cristianos vuelve”. Añade que se trata de una tradición muy arraigada en el pueblo, una fiesta que se vive con mucha intensidad y que provoca que la población se triplique durante los días que dura. “Para nosotros, las Fiestas de Moros y Cristianos son como la semana santa para los sevillanos”, apostilla.

Aunque pudiera parecer un acontecimiento en el que alguien a la fuerza tiene que salir mal parado, los participantes aseguran que no se trata de una lucha violenta, sino que el único fin es conseguir una recreación basada en la diversión. El saber popular “¡Todos moros o todos cristianos!”, que simboliza la igualdad entre personas o grupos, se materializa en las victorias de cada pelea: el sábado ganan los moros y el domingo los cristianos, que son los encargados de trasladar la imagen de San Antonio de Padua a su templo.

Las luchas alcanzaron su fin el domingo, en el río Majaceite. En este enclave, los participantes de los dos bandos entierran las armas, los rencores y las palabras y se lanzan a darse un chapuzón, que bien les sirve como reconciliación, como símbolo de una paz que volverá a romperse con el estruendo con sabor a pólvora de los trabucos el verano que viene.

Noticia original: Diario de Cadiz

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