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Yo quiero la Andalucía que soñó Blas Infante

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 08/11/2014

Andalucía, un ideal por alcanzar

ANDALUCIA/OPINION

Yo quiero una Andalucía con amor propio, que quiera y sepa luchar, que se lo crea, que sea consciente de lo que vale en muchos aspectos, que se mire orgullosa, que se sienta capaz, que quiera crecer y que sepa defender cada rasgo que la define y la diferencia.

Andalucismo; suena hasta a viejo. Suena a manido, suena a batallita del pasado. “Ya tenemos bandera, escudo e himno…ea, ya está. Ya somos un pueblo”. No parece haber un siguiente paso.

Hay quien piensa que el andalucismo está para defender y mantener costumbres, tradiciones y folklore. Algunos lo equiparan a otros nacionalismos españoles, pensando que quizá nos hemos subido a ese carro buscando conseguir algún tipo de provecho y piensan que lo tenemos todo perdido: “¿Qué querrán ahora éstos?, ¿la independencia como los catalanes?, ellos por lo menos tienen riqueza, industria, hasta un idioma. Nosotros ni eso, nosotros sólo hablamos mal…”.

Porque ni siquiera argumentos tenemos para defender el andaluz, y lo suavizamos cuando hablamos con gente de fuera, o incluso lo pisoteamos y desterramos si hemos de intervenir en radio, cine y televisión. Y nos enfadamos luego cuando se meten con nuestra forma de expresarnos, pero en realidad, en el fondo, muy en el fondo, terminamos creyendo que lo que hacemos es hablar mal, y no somos conscientes de su origen, de que quizá haya un por qué, más allá de que somos graciosos o simplemente flojos….

Flojos como aquellos jornaleros que inspiraron la lucha de Blas Infante, como esos trabajadores del campo que mantienen la despensa de España. Flojos como los que trabajan con sus manos en los empleos más duros, mientras otros se llevan los beneficios. Flojos.

Pero luego nos graban dos videos diciendo lo bien que se vive en Andalucía, la alegría que da su clima, lo abierto de sus gentes… y les compramos la película, y seguimos viviendo de un cuento que escriben otros. Porque nuestro cuento, más que nos pese, lo escriben otros.

Los que ahogan nuestra voz, los que pretenden disipar quienes somos para unificar una España en la que convivimos pueblos tan ricos como diferentes. Y no ven el beneficio de la singularidad, el valor de fomentar las individualidades, quizá por un miedo absurdo a que se pierda un todo.
El andalucismo de Blas Infante
Pocos andaluces conocen realmente el andalucismo que defendía Blas Infante. Un andalucismo no excluyente, un andalucismo que pretende potenciar la riqueza de cada pueblo y que fomenta el respeto entre los mismos.

“Yo quiero trabajar por la causa del espíritu, en Andalucía, porque en ella vine a nacer; si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta causa con igual fervor”, mantenía Blas Infante. Porque cada uno debe luchar por lo suyo, hacerlo crecer, mantenerlo y fortalecerlo, pero no por encima de otros, ni en contra de ellos, sino desde el respeto que da mirar a otro con la empatía de saber que su lucha es la tuya, porque ambos trabajáis por lo vuestro.

Pero en esta batalla parece que nos llevan ventaja. Otras regiones tienen mayor conciencia de lo que son; por eso defienden lo suyo con esa vehemencia, porque lo aman y se enorgullecen. No se puede amar lo que no se conoce, y muchos de nosotros somos grandes desconocedores de Andalucía y hemos perdido la confianza en lo que podemos llegar a lograr.

La inspiración de Blas Infante fueron los jornaleros; aquellos que después de incansables horas de duro trabajo a pleno sol, hacían largas colas a la espera de un plato de guiso de patatas con carne, carne que por cierto se encargaban de retirar los capataces. Y esas eran sus miserables vidas, trabajando para acabar mendigando la comida que se echaban a la boca.

Todo esto le conmovió. Primero los observó desde su internado, después desde su cómoda posición de notario, y no se quedó ahí. Porque quería algo más para su pueblo, quería que salieran de ahí, que tuvieran la opción de crecer y prosperar y se alejaran de las manos de los terratenientes, que se hacían cada vez más ricos, explotando sus miserias. Porque quería una Andalucía fuerte, próspera y justa y ahí comenzó su lucha.

El jornalero, el individuo, siempre fue considerado el pilar básico de la transformación de su pueblo. Debía ser él quien adquiriera las capacidades suficientes para prosperar, y así hacer prosperar al resto. Si el individuo es fuerte la familia lo será. Si las familias también lo son los municipios serán fuertes. Si los municipios tienen esa fuerza conseguiremos regiones fuertes.

Consideró que lo primordial era la educación; proveer a ese individuo de las armas necesarias para salir adelante. Su sueño era conseguir una generación de padres formados, que impartieran sus conocimientos a sus hijos. Porque la educación de la que él hablaba no debía ser difundida únicamente por maestros, debía estar en cada casa. Pero no podía negar la evidencia de que las personas que pasaban hambre no iban a tener ni tiempo ni fuerzas para ilustrarse. Por eso su segunda idea básica era poder crear una clase media andaluza.

Y finalmente, su último gran objetivo, era fortalecer el espíritu y la conciencia colectiva regional; nuestra conciencia de pueblo, que pasaba por empezar a querernos como andaluces que somos. Todo esto pasaría por conocer nuestra historia, ser conscientes de nuestro legado y estar orgullosos por ello.

Quería una Andalucía robusta, fuerte y culta, en la que todos tuviéramos las mismas oportunidades y lucháramos por tener una región próspera. Eso es el andalucismo de Blas Infante. Eso y sólo eso. Pero aún hoy, un siglo después, esa meta no se ha conquistado, ese sueño no se ha logrado, carecemos de mentalidad andaluza que quiera luchar por lo nuestro. Y en estos días, con tanto aún por conseguir, se siguen formando esas colas interminables en busca de algo de comida, pero esta vez de parados, que han visto cómo su trabajo y esfuerzo diario se lo ha comido un sistema injusto, que mira por el poderoso, que no busca educar, estimular ni motivar al individuo, sino que se aprovecha de él para mantenerse y nutrirse. Y el pueblo andaluz es una victima fácil porque, aun con todo lo que parece que hemos avanzado, carecemos de educación y cultura de lo nuestro. Nos la han quitado, la han solapado, la han escondido, no conviene; no conviene contar con un pueblo preparado, motivado y orgullosos que sabe lo que quiere.

Pero no han fallado las instituciones, hemos fallado nosotros. Nosotros por no tomar conciencia, por dejarnos llevar, por aguantarnos con el plato de guiso de patatas con el que nos callaban la boca y nos calentaban el estómago. Y yo no quiero una Andalucía así.

Yo quiero una Andalucía con amor propio, que quiera y sepa luchar, que se lo crea y que sea consciente de lo que vale. Yo quiero la Andalucía que soñó Blas Infante.

Noticia Original: artículo de Ana Belén Sánchez Lara desde Ronda

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