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Reflexión sobre Andalucía Proyecto MENTA

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 22/11/2014

Indignados, hartos, traicionados, aburridos, desencantados, asqueados, desilusionados, estafados, robados, abandonados y olvidados.

ANDALUCIA/ INTERNACIONAL

Esta es la realidad de millones de ciudadanos Andaluces en su relación con la clase política.

Andalucía encabeza, desde hace ya demasiado tiempo, las listas de la vergüenza: paro, pobreza, emigración…, y lo realmente triste, es que esas listas frías son solo un reflejo numérico de mucha tragedia y sufrimiento, de muchos ciudadanos que observan impotentes el desprecio de un sistema en el que un día creyeron.
La democracia que arrastró la transición, es vista como un gran fraude que solo ha servido a una élite de políticos para enriquecerse; y, a los de siempre, para mantener y aumentar sus fortunas y cotas de poder. Frente a ellos, un pueblo desesperado que ve cómo cada día se recortan y pierde derechos fundamentales e incluso cuotas de libertad. Un pueblo al que se le pide sacrificios en aras de sortear una crisis-estafa que ellos trajeron y nosotros pagamos.
Como consecuencia de tanta presión sobre los andaluces, han crecido innumerables plataformas, movimientos, mareas, marchas, asociaciones que intentan buscar salida y solución a tanta indignación. Debemos suponer que todas con la mejor de las intenciones y el esfuerzo desinteresado de personas que no quieren permanecer inmóviles ante tanto abuso.
La realidad es que el desapego a los partidos políticos y organizaciones tradicionales va en aumento hasta llegar a límites difícilmente previsibles y, paralelamente, a una clase política que no nos representa ni cuenta con nuestra opinión, ni siente como suyos los problemas reales de un pueblo al que dicen servir. Hoy en cada rincón de Andalucía conocemos casos de corrupción. Todos conocemos situaciones irregulares que, por el “uso y costumbre”, hemos acabado aceptando como normales ante la saturación que éstas suponen. Hemos acabado aceptando con normalidad que cientos de imputados desfilen por los juzgados con la triste seguridad de que les seguirán muchos más.
La corrupción y el mal gobierno han dilapidado un dinero que hoy es necesario para no cerrar plantas de hospitales, para contratar profesores o para atender a personas que atraviesan momentos desesperados. Un dinero que hoy sería crucial para atender a ese más de un millón de andaluces en paro, o a esos casi tres millones de andaluces en exclusión social, o a esos 500.000 niños con problemas de malnutrición, o a esas miles de familias amenazadas por la pobreza energética.
Andalucía es golpeada por gobiernos que la ignoran en Madrid y la desprecian en Sevilla, y nada ni nadie aporta soluciones reales a tanta angustia. Nos queda seguir esperando y, entre tanto, aspirar a sobrevivir con algún subsidio, entendido siempre como limosna y nunca como un derecho legítimo. Tenemos derecho a una vida digna, a algo tan básico como poder trabajar, tener un techo, luz y agua, educación, sanidad y justicia universal y gratuita.
Andalucía retrocede a marchas forzadas hacia el siglo XIX. Hoy la precariedad del mercado laboral y el aumento del coste de los servicios básicos está llevando a los andaluces que tienen la suerte de tener un trabajo, a un descenso sistemático de sus ingresos y calidad de vida, llegando a aceptar situaciones casi esclavistas que recuerdan sobradamente a aquellos jornaleros agrícolas que inspiraron a Blas Infante. Actualmente, también son jornaleros temporales los trabajadores de las Administraciones Públicas: sanidad, educación, etc., y los trabajadores del sector privado: hostelería, comercio, industria etc.
Ante tanto absurdo y despropósito, ante tanta corrupción y mentira, ¿qué opciones reales de cambio plantea el presente político de Andalucía?
El actual panorama político en Andalucía se mueve entre un tripartito: PSOE, IU y PP, que llevan en la misma discusión estéril treinta años, y una serie de fuerzas emergentes que aspiran a esa gran bolsa de votos que representa para ellos nuestra tierra. Por desgracia, el nacionalismo político es algo residual que acabó perdiendo el apoyo de su pueblo, quizás por errores propios, quizás por aciertos ajenos. Lo cierto es que hoy, fuera de las instituciones, no constituye una herramienta útil para poder transformar la realidad de nuestra tierra.
El tiempo de la vieja política y los viejos políticos tiene fecha de caducidad. Movimientos como el 15M, Marchas de la Dignidad, Democracia Real o Acampadas Sol, gritan la necesidad urgente de un cambio. Cambio que Andalucía necesita, más que cualquier otro territorio del Estado Español y de la Unión Europea, porque su situación es la más grave.
Como andaluz duele y avergüenza reconocer esta realidad, pero hacerlo es el primer y necesario paso para empezar a cambiarla. Asumir que somos lo que somos y estamos donde estamos, después de 40 años de Democracia, 40 de Dictadura, 2 Repúblicas y no sé cuántos Reyes… seguimos sin poder arrancar de una puñetera vez, de usar nuestro talento y recursos en beneficio propio. La realidad de Andalucía es la de una colonia expoliada y explotada a través del tiempo, y la realidad de nuestros jóvenes y mayores ha sido la emigración por desesperación ante la falta de oportunidades o la resignación a empleos de muy baja calidad.
¿Será la solución estos nuevos partidos emergentes? No y rotundamente no, ¿dejará de ser el hermano pequeño, el hermano pequeño por mucho que pase el tiempo? La estabilidad del estado español requiere de un equilibrio de poderes en el que Andalucía nunca participó ni lo hará con más partidos centralistas. El eje Madrid, Catalunya y Euskadi produjo y producirá un desequilibrio de fuerzas en el que siempre nos tocó y nos tocará perder si, Andalucía, no es capaz de usar su verdadero potencial para exigir un nuevo marco de equilibrios.
Sostener el legítimo derecho de autodeterminación de estos pueblos es un coste que somete a nuestra tierra injustamente. Cualquier partido que se siente a gobernar en Madrid tendrá que someterse a esta situación bajo la amenaza de romper la unidad de España. Solo una potente fuerza política andaluza, con poder real en las instituciones, puede revertir esta situación.
La vieja política y los partidos que la representan no han sido eficaces para cambiar nuestra triste realidad, tal y como han demostrado hasta hoy. La historia demuestra, además, como en más de 500 años de historia de España todo el que llegó al poder se olvidó rápidamente de Andalucía para atender otras zonas del Estado. Sería entonces lógico pensar que estos nuevos partidos emergentes acabaran haciendo lo mismo.
Hoy toda esta desigualdad ha sido ampliada en un nivel superior con la adhesión a la CEE. Ahora, la política dictada en función de los intereses de los países ricos de Centroeuropa, perjudica a los intereses del Estado y por consiguiente a nosotros con más gravedad.
Se impone la necesidad del cambio, urge cambiar esta situación, Andalucía pide a grito descarnado que de una vez por todas se empiecen a poner las bases para acabar con esta situación. Pero cambiar por cambiar, no; cambiar por más de lo mismo, tampoco. Aprovechemos el cambio con un sentido riguroso y sensato, debemos de ser conscientes de que cada voto desperdiciado es más tiempo perdido para salir del pozo.
Un grupo de andaluces estamos empeñados, desde hace tiempo, en la tarea de dotar a Andalucía de una herramienta útil y potente capaz de revertir esta situación; una herramienta contundente contra los errores del pasado y que sea capaz de abordar un futuro diferente; una herramienta que recoja la exigencia y el sentir de la calle; una herramienta capaz de transportar a Andalucía a un lugar de dignidad y progreso, capaz de asegurar y proteger los servicios públicos, la igualdad de oportunidades, el uso social de los servicios básicos, de luchar, en definitiva, por garantizar una existencia digna a todos los andaluces y andaluzas.
Queremos nuevas formas de hacer política, nuevas formas de transparencia, nuevas formas impositivas, nuevos modelos de crecimiento basados en la sostenibilidad y el respeto a nuestro medio ambiente; queremos participar activamente en las cuestiones que nos afecten; queremos ser protagonistas de nuestra historia; queremos una reforma total de los procesos electorales y de las fuerzas políticas, quizás aspiremos a mucho, pero es tan solo a lo que legítimamente tenemos derecho y nos prometieron; queremos una negociación clara y transparente de nuestras relaciones con Europa y con el Estado Español; queremos abrir puertas y ventanas para que el aire nuevo y fresco recorra todas las obsoletas y opacas instituciones de Andalucía, y queremos abrir un espacio de debate para una ciudadanía mayor de edad con capacidad y ganas de participar.
Estamos creando ese espacio, PROYECTO MENTA. Aspiramos en él a ser un fiel reflejo de la sociedad andaluza, y te invitamos a participar. No queremos plantearte un producto terminado que tengas que tragar, necesitamos que tú también participes y aportes tus ideas. El proyecto debe ser de todos. Te invitamos a participar en la creación del futuro de Andalucía. Te invitamos, no a transformar ni a cambiar, te invitamos a transgredir el futuro de Andalucía.
Desde el proyecto MENTA aspiramos a ser un Movimiento de Movimientos, una Asociación de Asociaciones, un Colectivo de Colectivos que se vaya conformando con la unión de todas las fuerzas que trabajan en cambiar y mejorar Andalucía en todos los ámbitos de nuestra tierra, con la idea última de aunar esfuerzos y obtener la fuerza necesaria para poder realizar el cambio inexcusable.
Queremos que nos ayude a hacer una nueva Andalucía de hombres libres y solidarios, hombres de luz y esperanza, que sean el motor de la profunda transformación que nuestra tierra necesita para los andaluces de hoy y del mañana.

Noticia Original: Diario lahorademalaga.com

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