Noticiario Centro de Andalucía

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A los queridos magos del 2015

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 06/01/2015

 

ANDALUCIA

Este año, en el que Andalucía ha batido todos los record de discriminación y participado en la corrupción estatal por la gracia de unos cuantos “grasiosos”, por no llamarles lo que han sido en palabras que habría que recurrir a la ordinariez, y para ello no estoy autorizado; en este continuador mal de muchos y consuelo de mansos; en este año que se nos viene encima con caricias propagandísticas y promesas incumplibles, Andalucía necesita algo más que la ilusión que está perdiendo y la mucha que ya ha perdido.

 

En este año vuelvo a pedirle a la tradición, como último recurso que sois vosotros, magos, que a pesar que dicen venís de Oriente, ninguno tenéis los ojos achinados; a vosotros que todavía no sabemos cuántos fuisteis, a vosotros que tampoco sabemos si erais reyes de no se sabe que reino o estado, a vosotros que sembráis ilusión. Lo cierto es que nuestra situación no es para una carta pidiendo complacencias de ocio o felicidad, es un expediente-informe por medio del cual os hagáis, en última instancia, reparadores de nuestras carencias.
Durante este recién evadido 2014 he procurando dar cada día lo mejor de mí en avanzar en nuestro proyecto universal de hacer feliz a los demás, centrándome más en mis compatriotas, los andaluces por supuesto, porque en vuestra visita anterior no tuve respuesta a mis ruegos, Andalucía sigue igual o peor si cabe y no me extraña que sigáis dejándome más carbón que la locomotora del tren correo que en mi infancia me llevaba a El Puerto de Santa María.. En mi mental belén he puesto tres, como siempre, aunque nadie coincide en cuantos fuisteis, algunos afirman que fueron hasta 15 los doctores y sabios que visitaron el portal y, parece con toda seguridad científica que seguían el rastro de Júpiter, que no tiene nada de estrella. Nadie se pone de acuerdo sobre vuestra procedencia ni si sois de verdad reyes, magos, astrólogos o yo que se cuantas elucubraciones pero, como anticipaba, ninguno tiene los ojitos achinados. A mi me basta con la bella leyenda que habéis protagonizado ante tantos niños que, cada año, esperan de vosotros, regalos que algunos nunca pudieron tener. Tampoco me importa lo cierto, incierto o inventado de vuestra historia, me quedo con esa noche mágica en la que tuve mi primera pluma estilográfica, lo demás… es cosa de los hombres que escriben historias sin tener pajolera idea.

Dejo a un lado las diarreas mentales del anterior Papa, por cuanto no es posible la presencia de ninguno de vosotros desde Tartessos porque este Estado Andaluz fue destruido desde que comenzó la batalla de Alalia, 600 años antes de haber nacido Jesús, ganada por los ejércitos focenses que se hicieron dueños del Mediterráneo y a los pocos años Cartago se encargó de saquearlo y despoblarlo. Un mecánico del siglo 1 a. J. c., llamado Athenaios, y además Vitruvio (¡o, 13, 1), refieren estos hechos que ambos autores conocen por la misma fuente (Herodoto).

Me interesa más saber de vosotros, porque tengo que agradeceros mucho y desde hace algo más de los inevitables 70 años. Os tengo en la memoria, no sólo desde mi primera estilográfica, cada madrugada del cinco de enero o recordando a mi padre en aquel de 1949, portando desde más de medio kilómetro una bicicleta roja que en su último año de vida me trajo de parte vuestra.

Vuestra historia de Reyes Magos de Oriente fue escrita hacia el año 70 después de Cristo en arameo. Ese texto no se ha conservado, pero ha llegado hasta nosotros porque fue traducido al griego, que era el idioma más utilizado en el Mediterráneo. Vuestra historia se encuentra en el Evangelio según San Mateo (2,1-12). De los cuatro Evangelios, solo Mateo nos cuenta este pasaje, cuando en tiempos de Herodes III el Grande, y habiendo nacido Jesús en Belén de Judea, llegaron allí en busca del Rey de los Judíos unos magos (magusàioi) venidos desde Oriente -precisamente Tartessos estaba en el Occidente- siguiendo una “estrella” que les guiaba por el camino, confundidos con el resplandor y trayectoria del planeta Júpiter. Sin embargo, en el texto de San Mateo no se les nombra ni como “Reyes”, ni como “Magos”, ni siquiera por los nombres como os conocemos en la actualidad: Melchor, Gaspar y Baltasar. La idea de que uno de vosotros era negro, o que erais tres, es producto de la imaginación o de la literatura posterior. En esta sociedad de historias remendadas, hay que incluir razas y colores de piel para que el universalismo no te traicione.

¿Pero a qué se llamaba magos, “magusàioi”?. En tiempos del nacimiento de Jesucristo, los magusàioi eran adivinos y astrólogos, de origen caldeo, es decir, del área sirio-mesopotámica: el Oriente de Judea. Así las cosas, el término magusàioi designaba a los charlatanes que practicaban algún tipo de magia, o la antigua ciencia de los Magû, tribu seguidora de Zaratrusta, En la antigüedad este término designaba a los persas que se dedicaban a las ciencias ocultas y, por lo tanto, se empleaba para llamar a los astrólogos, hechiceros, augures sacerdotales y adivinos o charlatanes de diversa índole. Queridos Reyes, de charlatanes estamos bien despachados, es uno de mis ruegos: que nos los quitéis de en medio.

La larga tradición nos ha traído estos elementos identificadores que no se encuentran escritos. Algunos historiadores apuntan que se puede tratar de añadidos en la traducción griega del arameo a la historia que, escrita por Mateo, fue utilizada por Marcos y, más tarde, por Lucas.

Estos apuntes de vuestra procedencia y condición los he incluido en la carta para que comprendáis el interés por conoceros en estos duros momentos por los que pasa nuestro pueblo andaluz. Hacen falta muchos magos y cada día del año para que vuelvan los derechos humanos que están desapareciendo por decreto incontestable, para que podamos seguir contando con el apoyo de tantas y tantas personas que hacen posible nuestro trabajo, para cambiar la caridad que nos mantiene por los derechos que nos corresponden, jornal por limosna. Por nuestros hijos, nietos y tantas personas que esa noche sueñan con un mundo mejor, a través de vuestros presentes.

Siguiendo el relato apócrifo, esto es, cualquier libro que se atribuye a un autor sagrado, pero no está incluido en el canon de la Biblia, del Protoevangelio de Santiago o el llamado Evangelio armenio de la infancia (un texto datado en el siglo V o VI, y otros escritos, se fecha el nacimiento de Cristo un 6 de enero y la visita de los Reyes tres días después. Es decir, que ni las fechas del nacimiento y vuestra llegada se han respetado, se han adaptado al comercio actual, a hacer caja en una temporada diseñada para el gasto y la vanidad, a costa de la ilusión de los más pequeños. En esta batalla por recaudar lo más posible, no se respeta ni a los niños. La televisión se vuelve vomitiva con tantas consolas para los sofás o colonias anunciadas en otros idiomas.
Y montamos nuestro belén casero y heredado con una blanca helada que nunca tiene lugar en Belén de Judea, cuya temperatura en pleno invierno nunca bajó de 1 grado. Eso de la nieve en pleno Oriente Medio es otro de los adornos de la actual y escaparatista sociedad. Las otras cosas, como el “cagador” catalán es mejor obviarlas porque las malas palabras se escapan. (Cuidado con la ocurrencia, hay que ser hortera, si el cagador fuera invento andaluz no pararían de insultarnos)

También he considerado curioso que los primeros paganos (“primitia gentium”, los primeros en adorar y reconocer a Jesús) que fueron a venerar al Salvador fueran Reyes, realezas en las que no creo y que aquí nos sobra con la que nos endiñaron por la puerta trasera del Movimiento Nacional franquista. Y lo que resulta más chocante, que fueran “Magos”, porque mi solicitud nada tiene de magia sino de hechos que están destruyendo nuestra sociedad. La clave de todo este asunto puede encontrarse en el desacierto de los traductores latinos del Nuevo Testamento que llevaron el texto a esa lengua, entre ellos San Jerónimo que en el siglo IV tradujo las Escrituras del hebreo al latín, quizá el primero que os identifica como Magos. Por supuesto, confío en que esta situación puede tener solución, aunque yo no creo en los milagros, recurriendo a vuestra intervención y generosidad demostrada. Para cambiar lo que hay que cambiar, sólo nos queda recurrir a vuestra Mágica Realeza, porque lo que es aquí, en la tierra del abuso y la corrupción hace falta esa varita mágica que todo lo puede “hacer realidad”, aunque sea virtual, nos conformamos con creer que el mundo no es tan malo como nos lo están construyendo.
Del pesebre. San Jerónimo, como decía, pieza clave en la traducción del texto que nos trae vuestra llegada, habla de “praesepe” o “praesepium”, que podríamos traducir como pesebre, lugar según el cual los Evangelistas indican el objeto sobre el que fue depositado Jesús al nacer. Es esta la única y misma indicación que dieron los cuatro Evangelistas, localizada en una gruta de Belén, que San Jerónimo visitó en el siglo IV, momento en el que dejaba de estar en manos de los paganos que celebraban allí la fiesta o culto de Atis, diosa relacionada con la castración. Curiosamente entre estos ritos se incluía la presencia de un buey y un asno, así que el anterior Papa se equivocó, como es costumbre, en lo de la mula y el buey. El pesebre o lugar del parto, ahora epicentro de la basílica constantiniana de Belén, en la que los peregrinos entraban para rascar de las paredes el carbonato cálcico que se convertía en una reliquia conocida como “leche de María”, a la que se concedía el poder de proteger el periodo de lactancia para las madres, curiosa creencia que coincide con la condición humana de María después de un parto tan natural que se elevó a divino.

De Partia o Persia. En favor de esta teoría está la historia del término magoi, asociada en principio a los medos y a los persas. Durante casi 500 años, entre el 250 a. C. y 225 d. C. la dinastía arsácida se estableció como heredera del pueblo persa. El arte cristiano primitivo representa a los magos del Nuevo Testamento con indumentaria persa o parta, es decir con túnicas ceñidas, de mangas largas, con pantalones y gorro frigio. Este modo de pintarlos originó un famoso incidente ocurrido en la basílica en Belén que construyó Constantino y reconstruyó Justiniano.

Otro argumento en favor de Persia es el trasfondo zoroástrico de los magos. El evangelio árabe de la infancia (uno de los evangelios apócrifos que mencionábamos al principio) dice que: “vinieron a Jerusalén unos magos según la predicción de Zoroastres”, es decir Zoroastro o en castellano Zaratrustra, quien según el manuscrito laurentiano del siglo XIII conservado en Florencia, hizo una profecía en la que declaró que una mujer virgen había de dar a luz un hijo que sería sacrificado por los judíos y que luego subiría al cielo. A su nacimiento aparecía una estrella, bajo cuya guía se encaminarían los Magos (no se menciona cuántos) a Belén y adorarían allí al recién nacido. La estrella, única conocida en movimiento, porque lo demás son asteroides, “marcó la ruta de los comerciantes orientales”, casualidades de la historia.

Se ha llegado a afirmar que erais parientes entre sí, aunque hablabais diferentes idiomas y de diferentes lugares. Fuisteis conducidos en dromedarios, por una estrella que se detuvo tras trece días de camino frente al portal o cueva, lugar del nacimiento del esperado rey de los judíos, el Mesías para unos y el rebelde para otros. La estrella os había guiado por un camino sinuoso, extraño… Cuando, terminada vuestra misión, tomáis la decisión de volver y la estrella había desaparecido. Otra leyenda dice que tardasteis trece años en regresar a vuestros reinos, se desconoce lo que os entretuvo por el camino. La estrella volvió a aparecerse, pero como presagio del fin de vuestros días sobre la Tierra. Melchor murió a los 116 años de edad, Gaspar a los 112, cinco días después que el anterior; y Baltasar a los 109, seis después que Gaspar. Fuisteis enterrados juntos y mientras la estrella brillaba sobre el cielo, vuestros cuerpos permanecieron incorruptos.

Un 1 de junio del año 1164 Federico Barbarroja ordenó llevar, desde la iglesia de San Eustorgio de Milán hasta Colonia, vuestras reliquias, es decir, vuestros cuerpos. Fueron depositados en la iglesia de San Pedro. Se hallaban en Italia desde el siglo IV, cuando el noble griego Eustorgio había llegado a Milán enviado por Constantino, habiendo sido proclamado obispo y recibiendo como regalo, al parecer por sus bondadosas obras, vuestras reliquias como Magos de Oriente.

El costumbrista culto popular a vosotros en occidente data del siglo XII. A partir del siglo siguiente comenzaron a desarrollarse representaciones teatrales en torno a vuestras figuras. La Historia, que había sido compuesta por un sinfín de datos más o menos contrastados, fue finalmente escrita entre 1364 y 1374 por Juan de Hidelsheim, un prior carmelita alemán en la Historia Trium Regum, basada en la Historia Scholastica de Pedro Comestore escrita en el lejano siglo XI.

¿Cuales pudieron ser vuestros verdaderos nombres? El primer intento os llama: Homizda, rey de Persia, Yazdegerd, rey de Sabá, y Perozad, rey de Arabia, nombres atribuidos en el siglo IV al escritor sirio Efrén. Otros autores los atribuyen a la obra siria del siglo VI, Cueva de Tesoros. En el siglo VI d. C., el evangelio Armenio de la Infancia, (C.A.) os identifica con los nombres y procedencia que han prevalecido en Occidente: Melkon, rey de los persas; Gaspar, de los indios, y Baltasar, de los árabes.

Tuvo que pasar mucho tiempo antes de que el rey negro hiciera su aparición. Esta presentación de las tres razas, de alguna manera, interpreta la intencionalidad del relato mateano de los magos: la venida de Jesús no es exclusivamente para el pueblo de Israel. Se pretendía algo más universal. En cuanto al número de los magos o a vuestra condición real, no hay referencia alguna en el evangelio de Mateo. Como hemos visto, el apócrifo evangelio armenio de la infancia nos habla de tres. También la versión etiópica del protoevangelio de Santiago consigna el número de tres Magos con nombres etíopes: Tanisuram, Malik y Sissebá. La tradición oriental ponía doce magos y entre ellos los armenios llegaron hasta quince. En las catacumbas de Pedro y Marcelino aparecen dos y cuatro en el fresco del siglo IV de la catacumba de santa Domitilla.

Ni que decir tiene, que mi pretensión no es contaros vuestra propia historia, muy al contrario. En honor y respeto a lo que, cada año, representáis para nuestros hijos y nietos, me debo al respeto que siempre os tuve y, por supuesto pediros, pediros, pediros, que para eso os inventaron.

Mi petición no es para mí, ni siquiera material y menos aún referida a lo que me falta, que es mucho. Se refiere a un pueblo que está desapareciendo como tal, a una sociedad que se pudre por el egoísmo y la ambición de la posesión máxima e incontrolada. A cientos de familias que sólo por una noche han podido hacer felices a sus hijos, a otras cientos de miles que se han quedado sin techo por la codicia de los hombres a quienes les sobran recursos, a varios millones de personas que no pueden disfrutar del castigo divino del trabajo, a ellos, a ellas, auténticos mártires de los decretos de abstinencia en nombre de un esfuerzo que los decretadores no practican.
Traernos la paz social, el bienestar que nos han robado, el futuro que nos han borrado del horizonte.
Traernos la cooperación que no robe desde su intermediación entre la donación y el destinatario.
Traernos los valores que se esfuman por las presunciones sociales.
Traernos el amor incondicional entre familias rotas por lo material, enfrentadas y divididas por las envidias.
Traernos la esperanza y el optimismo para seguir construyendo el mundo que deseamos.
Traernos las llaves que tienen encerrados a tantos inocentes y las que puedan encerrar a tantos culpables sueltos.
Traernos una justicia igual para todos que no se venda a los poderosos, que el mismo delito sea castigado de igual forma para todos sin excepción.
Traernos igualdad, generosidad, tolerancia, limpieza de corazón sin colores de sangre o piel, sin distinción de sexo o apellidos, sin diferencia entre quienes nos administran y los administrados.

NO DEJAD VUESTRA VISITA A SÓLO UNA NOCHE AL AÑO, QUE HAY MUCHAS OSCURIDADES SIN VUESTRA LUZ AUNQUE SEAIS UNA LEYENDA

Noticia Original: Diario Cosas de Andalucia POR FERNANDO REPISO

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