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El bisnieto del maestro

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 11/05/2015

El otro día, en el Museo Picasso de Málaga, en una charla durante el Festival de Cine que le homenajeó, Paco León recordó una historia de su familia.

ANDALUCIA/ INTERNACIONAL

En el verano de 1936, su bisabuelo Joaquín León tenía 43 años y era el maestro de la escuela de Castillejo del Campo, un pueblo sevillano de unos 600 habitantes. Un día de agosto, Joaquín tomaba un café en un bar de Sevilla.

El otro día, en el Museo Picasso de Málaga, en una charla durante el Festival de Cine que le homenajeó, Paco León recordó una historia de su familia.
En el verano de 1936, su bisabuelo Joaquín León tenía 43 años y era el maestro de la escuela de Castillejo del Campo, un pueblo sevillano de unos 600 habitantes. Un día de agosto, Joaquín tomaba un café en un bar de Sevilla. Había estallado la Guerra Civil y por las calles de la ciudad se veía a muchos jóvenes con pistolas y fusiles vestidos de falangistas. Dos chicos, adolescentes, entraron en el bar y uno de ellos le reconoció: Joaquín era su maestro y le había suspendido. Entonces, el muchacho le dijo a su compañero: “Ese es muy rojo, vamos a detenerlo”. El alumno y su amigo, a punta de pistola, llevaron a su maestro a una sala de cine en la que estaban confinadas decenas de personas cuyo único delito era no simpatizar con el golpe de Estado que había acabado con la democracia en España. Durante unos días, José, el hijo mayor de Joaquín, le llevó comida a la cárcel hasta que una mañana le dijeron que su padre había sido trasladado a otro lugar. No volvió a verle. Joaquín León fue fusilado el 22 de agosto y hoy, casi 79 años después, nadie sabe dónde permanece enterrado. Joaquín tenía cuatro hermanos y dos de ellos, José y Manuel, también maestros, sufrieron la misma suerte que él: fueron fusilados. Tres maestros, hermanos, habían sido ejecutados por chavales imbuidos del delirio fascista y, en el caso de Joaquín, denunciado por uno de sus pupilos. Eso fue la Guerra Civil.
Hace unos años Paco colaboró en un vídeo cuya intención era denunciar la impunidad de los crímenes del franquismo. En ese vídeo, diferentes personalidades de la cultura interpretan a víctimas que relatan su horror. La aparición de Paco es impactante. Hace de su bisabuelo y concluye su relato con estas palabras: “No tuve juicio, ni abogado ni sentencia. Mi familia y mi bisnieto Paco León me siguen buscando. ¿Hasta cuándo?”. José, el hijo de Joaquín, que le llevaba la comida a la cárcel, es, precisamente, el único artista que se puede rastrear entre los antepasados de Paco. José trabajaba en la fábrica de uno de sus profesores, pero un día dejó la empresa, porque “en el teatro me aplauden un poco más”. Llegó a formar un circo, y un día instaló la carpa al lado del cementerio del pueblo sevillano de Castilblanco de los Arrojos. “En ese cementerio debe estar enterrado tu padre”, le dijo alguien. Paco, cuando evoca este relato, no sobreactúa. “Fue terrible, pero no me siento especial: en demasiadas familias sucedió algo parecido”. Así resume Paco la gran tragedia española, que aún nos sobrevuela.
Fue el único momento de tristeza en la charla del Picasso. Paco León se extendió sobre otras muchas cosas con el desparpajo y la gracia que le han hecho célebre. Reveló algún aspecto inesperado de su vida. No siempre fue tan abierto y divertido. Él era un chico muy tímido al que, como le sucedió a Fernando Fernán-Gómez, la actuación le permitía superar su pudor. Se formó en el Centro Andaluz de Teatro de Sevilla junto a Juan Carlos Sánchez, el profesor de interpretación que le enseñó las primeras claves. Puso copas en los bares, se disfrazó de pollo o hizo de payaso en fiestas privadas y, en 1999, con 25 años, le comenzaron a reconocer por la calle por la serie Castillos en el aire de Canal Sur. En 2003, sus parodias de Raquel Revuelta y Anne Igartiburu en Homo Zapping dieron la vuelta a España y, desde 2009, el Luisma que bordó en Aída le hicieron acreedor eterno de la gratitud de los españoles: no hay nada que la gente aprecie más que le hagan reír.
Luisma era uno de esos personajes pegajosos capaces de devorar a cualquier actor. Pero en 2012, Paco demostró que no solo era un cómico superlativo sino, también, un creador con inquietudes muy particulares. Escribió y dirigió Carmina o revienta, una comedia catártica protagonizada por su madre Carmina Barrios, con la complicidad de su hermana María. La película se alimentaba de la pura realidad: la inaudita personalidad de su madre, la Andalucía profunda, devota y folclórica que mamó en su niñez o el ambiente poligonero en el que creció. Por cierto, que Paco siempre había creído que Alcosa, el nombre del polígono en el que vivieron, era de procedencia árabe hasta que se enteró de que era el acrónimo de Alberto Cortina S.A.
Paco levantó Carmina o revienta sin ayudas institucionales y apostó por un modo de distribución insólito: la lanzó de forma simultánea en Internet, en DVD y en algunas salas de cine. Sufrió el boicot y el desdén de miembros muy relevantes de un negocio profundamente conservador, a los que no hizo ninguna gracia que alguien como él desnudara sus miserias y revelara lo obsoleto y absurdo del estado de las cosas. Pero el experimento salió bien gracias a la multitud de seguidores de Paco a los que el cineasta había encandilado con su propuesta, sobre todo a través de su cuenta de Twiter. A Paco le gusta la gente, y le importa mucho saber qué piensa la gente. Cuando llegó al millón de seguidores -ahora son 1,3 millones- lo celebró con una foto suya en la que aparecía completamente desnudo.
Carmina o revienta dejó claro que su madre daba para más. Hace un año estrenó Carmina y Amén, con la que también hizo algo nunca hecho: se proyectó gratis en 100 salas la víspera del estreno oficial. Era aún más graciosa que la primera. Saltaba a la vista la devoción por Azcona y Berlanga: “Se está muriendo gente que no se ha muerto nunca”. Esa frase la suelta en la película el padre de Paco, Antonio León. Paco recrea anécdotas hilarantes de Carmina. Cuando él y sus hermanos eran pequeños y se levantaban con mucho sueño para ir a la escuela, a veces Carmina les decía: “Con la caló que hace, casi os podíais quedar en casa. Os volveréis locos de tanto estudiar”. Eran ellos los que tenían que ser entonces más responsables que su madre, vencer la pereza y marchar a clase. A Paco le marcó el aire anárquico, rebelde y disparatado de su madre, pero también se le ha debido pegar algo del sentido de la disciplina de su abuelo materno, un militar, la profesión que eligió su hermano, el otro hijo de Carmina.
En otoño estrenará, como actor, Embarazados, una comedia de Juana Macías en la que forma pareja con Alexandra Jiménez. Pero antes dirigirá un encargo, el remake de una comedia australiana de alta carga sexual. A Paco le excitan los desafíos y andar caminos inexplorados, esos que no sabe muy bien dónde le van a llevar.

Noticia original: Diario . .huffingtonpost.es/luis-alegre

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