Noticiario Centro de Andalucía

Centro de Andalucía

Hábitos incívicos como tirar toallitas o aceites al inodoro cuestan caros a la ciudad

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 12/10/2015

Malas conductas cotidianas opnen en jaque a los servicios opeativos
ANDALUCIA/INTERNACIONAL

Málaga retira al año de la red de saneamiento más de 300 toneladas de desechos, sobre todo toallitas

No hace falta quebrarle las patas a un banco ni hacer un garabato sobre una fachada para entrar a formar parte de ese indeseable grupo de los ciudadanos incívicos. Cruzar esa línea roja puede ser más fácil de lo que parece. Basta con haber asimilado la rutina de conductas que, silenciosas y a veces masivas, hacen casi el mismo daño a las ciudades. Como por ejemplo cambiar el pañal a un bebé y arrojar las toallitas higiénicas por el inodoro, desechar el aceite que sobra de la freidora por el fregadero o sacar de paseo al perro sin la bolsita que garantiza que luego no quedará su rastro en plena calle. Y eso por no hablar de las colillas y los chicles que alfombran el paso en cada vez más escenarios urbanos. Estos sencillos gestos cotidianos son suficientes como para que los servicios operativos de las grandes ciudades hayan dado la voz de alarma ante un problema creciente que en algunos casos, como el de las toallitas higiénicas, ponen en jaque a las infraestructuras que gestionan los residuos.
Málaga no es ajena a esta realidad. Al contrario, las cifras que engordan este capítulo del ‘incivismo’ dan que pensar: en sólo un año, la ciudad retira más de 300 toneladas de desechos (sobre todo toallitas) de las estaciones de bombeo y depuración, se eliminan más de 166.000 chicles pegados de las calles o se dedican 255 jornadas de trabajo a quitar manchas, carteles y pintadas de fachadas municipales. La creencia compartida de que «por una vez no pasa nada» o de que «al final se terminará limpiando» no ayuda en absoluto a la solución de un problema que al fin y al cabo depende de la responsabilidad individual de cada uno.
«Podemos poner en marcha todos los medios disponibles, pero si no colaboramos cada uno de nosotros no hay nada que hacer». Lo dice con la absoluta certeza de estar ante un problema «grave» la directora de mantenimiento y depuración de la Empresa Municipal de Aguas (Emasa), Concepción Fernández Cotrina, que ha visto cómo en apenas una década el consumo masivo de toallitas higiénicas se ha convertido en un quebradero de cabeza para los responsables de la depuración de las aguas en la capital. Resulta difícil calcular cuál es el coste real sobre los equipos humanos y técnicos, pero está claro que el despliegue en los últimos años para tratar de gestionar el problema se ha multiplicado, por ejemplo con la reposición de las rejillas de desbaste, que retienen los objetos de cierto tamaño en las aguas residuales. Aunque a nivel local no hay datos económicos específicos, sí los hay en el ámbito global, ya que las empresas de abastecimiento de saneamiento españolas forman parte de la red europea EurEau, que integra a 27 países y que calcula que cada año se gastan entre 500 y 1.000 millones de euros extra en la depuración de aguas por el problema de las toallitas. La cifra se mide también en millones cuando se habla del consumo (masivo) de estos productos, ya que en España se vendieron el año pasado 43 millones de paquetes de toallitas.
La confusión de las etiquetas
Es paradójico, por otra parte, que un producto para la higiene o la limpieza –toallitas de bebé, papel húmedo, toallitas desmaquillantes o para limpiar baños y cocinas– termine siendo tan sucio y tan nocivo para el sistema de saneamiento. Tampoco ayuda la falta de información que tiene el consumidor, que tiende a desechar este tipo de productos por el inodoro porque en el propio paquete se asegura que las toallitas son biodegradables y, por lo tanto, aptas para ir al desagüe. «El problema es que su tratamiento no coincide con los ciclos de depuración del agua», insiste Fernández Cotrina, que además de recordar que son las comunidades de vecinos las que en primera instancia sufren los efectos de este fenómeno por los constantes atoros (y por supuesto gastos), pone un ejemplo práctico: «Desde que se tira de la cadena hasta que llega a la depuradora suelen pasar 48 horas. El papel higiénico normal se degrada. Las toallitas no».
Por eso es importante tratar este producto como si fuera un residuo urbano sólido, porque su composición a partir de fibras textiles compactadas y difíciles de romper son incompatibles con el ciclo del agua y pueden tardar en degradarse hasta varios meses. Este es también el caso de las compresas, los pañales, los algodones o los bastoncillos, que a pesar de todo siguen circulando por los desagües. En Málaga, al igual que en el resto de las ciudades, el problema se agrava con la lluvia hasta el punto de que Emasa tiene que desplazar a una brigada especial a las estaciones de bombeo para retirar las madejas de desechos. La ciudad cuenta con una docena de estas instalaciones que dan servicio a la capital, a Torremolinos y a Alhaurín de la Torre, además de las dos depuradoras del Guadalhorce y del Peñón del Cuervo, y a pesar de que en principio esta infraestructura es suficiente para dar respuesta a la población incluso cuando ésta se multiplica en fechas clave, en los días de lluvia el problema puede desbordarse por el arrastre masivo de este tipo de residuos a las estaciones de bombeo.
La situación se reproduce de forma similar en grandes núcleos de la provincia que en temporada alta multiplican su población, caso de Marbella, que sólo en 2014 retiró de su sistema de saneamiento 479 metros cúbicos de residuos (la mayoría toallitas), o Fuengirola, que recibe a la semana una media de tres avisos por obstrucciones en la red y cuyo concejal de Obras e Infraestructuras, José Sánchez, se muestra tajante: «Las toallitas son el enemigo público número uno de la red de saneamiento».
Los restos acaban en la playa
El hecho es que muchos de estos restos terminan incluso en la playa o en el mar, con el enorme perjuicio que eso ocasiona tanto desde el punto de vista medioambiental como estético. Precisamente es la playa uno de los escenarios donde más se aprecian las consecuencias de estas conductas incívicas. Y no sólo por las toallitas que a veces ensucian el litoral, sino por el efecto que tiene en el agua la eliminación indiscriminada de aceites y grasas domésticas a través del desagüe. Este tema tampoco es menor, sobre todo si se tiene en cuenta que un solo litro de aceite es capaz de contaminar mil litros de agua y que el coste del tratamiento de las aguas contaminadas con ellos asciende a cuatro euros por hogar y año. En Málaga, además, es un problema especialmente grave, ya que a pesar de que cada vez son más los contenedores repartidos en la ciudad para su reciclaje, casi nueve de cada diez litros de aceite usado terminan en la red de saneamiento camino de las depuradoras. La dificultad de su tratamiento hace que entre el 10 y el 15% de las grasas terminen en el mar y se conviertan en las desagradables ‘natas’ que tanto afean y molestan a la hora del baño.
Fuera del agua, el panorama tampoco parece mejor si se habla de conductas poco cívicas. En concreto con el problema de las colillas. A pesar de que éste es un perjuicio global en todas las ciudades –un estudio de la Asociación Española contra el Cáncer estima que cada año se arrojan al suelo en el mundo 4,5 billones de colillas– en la playa resulta especialmente nocivo, ya que en el agua una colilla puede tardar en desintegrarse diez años, y más aún si permanece en la arena.
Para tratar de dar respuesta a este asunto y a otros igualmente espinosos como el de las cáscaras de pipas, el Ayuntamiento de Málaga suele poner en marcha todos los años campañas de concienciación ciudadana. En 2015, por ejemplo, las Áreas de Sostenibilidad Ambiental y Playas repartieron 5.000 ceniceros de bolsillo en las playas para que las colillas no terminaran en el suelo; mientras que desde el programa de concienciación ambiental ‘Málaga, cómo te quiero?!’ se distribuyeron 150.000 ‘pipeleras’ con dos compartimentos (uno para el paquete de pipas y el otro para las cáscaras). En cualquier caso, y aún en el escenario de la playa, es significativo que Limasa duplicara el pasado mes de julio el volumen de la basura recogida en el litoral con respecto al mismo mes de 2014, pasando de los 151.720 kilos a los 325.520. Muchos de ellos estaban depositados en algunas de las 690 papeleras que se distribuyen en las playas de la ciudad, pero otros no, de ahí que la correcta eliminación de la basura por parte de los ciudadanos sea otra asignatura pendiente en materia de civismo.
Los chicles, sobre todo los que están pegados en el suelo, son otro gran quebradero de cabeza para los operarios de Limasa, que cuentan con 16 equipos especializados –mediante una espátula metálica y agua caliente a presión– para eliminar estos residuos del suelo y que trabajan en los turnos de lunes a viernes. Las cifras, en este caso, son contundentes: sólo el año pasado se eliminaron de la vía pública 166.400 chicles con un desembolso total de 31.616 euros. Si se tiene en cuenta que un chicle en un kiosco cuesta en torno a cinco céntimos y que desincrustarlo de la acera supone cuatro veces más (0,19 euros por unidad), muchos se pensarían si no compensa más acudir a la papelera más cercana para deshacerse de su goma de mascar.
Quizás sería razonable aplicar esta misma conclusión al problema de los excrementos de los perros en la calle, sin embargo en este capítulo también queda mucho camino por recorrer. Poco importan las 30 señales con las advertencias de sanción en cada distrito de la ciudad, ni que los dueños de las mascotas se expongan a multas de hasta 500 euros según la ordenanza municipal que regula la tenencia de animales de compañía y perros potencialmente peligrosos: el hecho es que la Policía Local ha puesto en lo que va de año 310 multas a los dueños de mascotas que no recogieron sus desperdicios del suelo. Y no será por facilidades, ya que el Ayuntamiento de Málaga y el Colegio de Veterinarios han distribuido desde principios de año 150.000 bolsas específicas entre los clientes de las clínicas veterinarias. También hubo varias campañas informativas; y no sólo sobre los perros, sino sobre el resto de los problemas. Ahora sólo falta que calen. Que no queden en el papel mojado que se tira por el inodoro.

Noticia original: Diario: http://www.diariosur.es/malaga-capital/201510/12/habitos-incivicos-como-tirar-20151011220655.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: