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«No hay dinero en el mundo que pueda comprar El Pimpi»

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 15/11/2015

José Cobos Agricultor ecológico y copropietario de El Pimpi, un clásico de la hostelería malagueña. Empezó de porquero a los ocho años, fue pocero y relaciones públicas, y desde 1971, copropietario y alma de El Pimpi, el bar más visitado de Andalucía

ANDALUCIA/INTERNACIONAL

Está tan convencido de los frutos de su huerta biodinámica como de la prodigiosa ubre de El Pimpi. Es un mediodía de cruceristas y los camareros meten velocidad de crucero a los pies y a su inglés.

Pepe Cobos, el rey Midas de la hostelería local, es inquieto y sociable, un cordobés converso a la Málaga cosmopolita, y se reparte a esta hora entre los elogios a una tapa de alcachofas y la logística de unos folletos solidarios que patrocina. No aparenta 68 años, ni secuelas del tiempo de barra casi fija como relaciones públicas de Bodegas Campos, en Córdoba, antes de la oxigenación malaguita que decidió hace 44 años. Su gimnasio es el huerto y la tala anual de 2.000 olivos de la finca familiar en Coín, el pueblo de su mujer. «El olivo le habla al talador», levanta la mano del volante para señalar la finca, final de trayecto.

¿Tanto le gusta el campo?
Mucho. Soy de Pedroche, un pueblo de Córdoba y me crié al aire libre porque, como yo digo, me independicé con ocho años. El cura quería que fuera cura, que me veía especial, le decía a mi madre, y yo recuerdo conversaciones en las que mi padre le decía: como diga meterse a cura, antes lo mato. No me gustaba estudiar y mi padre, que era carbonero, se había ido a Barcelona a trabajar.

¿Esto del huerto no es entonces un capricho para evadirse?
No. De aquí han salido este verano 700 kilos de tomates ‘huevo de toro’ a la semana, una variedad que estaba casi perdida; de pera, otros 800, 900 kilos. Es una tierra muy fértil, pero mi filosofía es la de una agricultura biodinámica. Esta huerta está tratada con estiércol al que intentamos quitar todos los contaminantes y antibióticos que ha tomado cabras, gallinas, caballos. Hacemos pruebas con una especie de bolas de argamasa con diferentes hierbas. Es algo que queremos que la universidad estudie: ver cómo cambia el compost inicial y el final. Hacemos bolas con plantas como tomillo y romero y van al montón de estiércol. Es la agricultura biodinámica. Esta huerta estaba abandonada y se purificó. También lo hacemos con un cuerno de vaca. Tiene que ser que haya parido más de una vez y en él metemos compost del propio animal y lo enterramos más durante seis meses. Con unos treinta litros del líquido resultante pulverizamos sobre la tierra. ¿Ve ese círculo de piedras y plantas? Es una espiral conectada con el universo. Así era la agricultura de hace miles de años.
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¿Y qué base científica tiene todo esto?
Por eso queremos que lo estudie la universidad. La agricultura biodinámica es un paso más de lo ecológico.

¿Quién es su ‘maestro biodinámico’?
Es un hombre que vive en Jorox, Alonso Navarro. Entre usted en internet y mire sobre agricultura biodinámica. Se está desarrollando en Alemania y EE UU, sobre todo. Él me dijo:¿Tú sabes que yo soy un transmisor del universo? Y yo me lo creo.

No me extraña en alguien que sostiene que El Pimpi es magia.
Es que lo es. Es un lugar por el que pasaba una calzada romana, fue monasterio… En mis palabras como abanderado de la feria dije que no tenía explicación la evolución de El Pimpi, que era milagro tras milagro, pensar que todo es posible, pero sobre todo dejarse llevar. Un ejemplo: necesito un cocinero; al día siguiente, el mejor pidiéndome trabajo. Un jefe de seguridad;al poco tiempo, el hombre más fuerte. Yo le pongo imaginación, ideas y fe. ¿Qué he hecho en realidad? Resistir.

Y veo que eso lo aplica a las ofertas de compra. Habrá tenido incluso de las de ‘taco’ en mano, como aquel que dice.
Muchísimas, incluso con gobiernos detrás. Y por supuesto, particulares. El último, un ruso. El gerente, Pablo, me dice: Oye Pepe que ahí hay un señor… que si ofrece tanto dinero… ¡Que no joder, que no hay dinero en el mundo para comprar El Pimpi!, que no lo escucho si viene con la intención de comprar. ¿A un hijo lo compraría o lo vendería usted? No, ¿verdad?.

¿Cómo es eso de que había ofertas con gobiernos interesados?
Hace un par de años, el representante de España en Shanghai me comentó que el Gobierno chino estaba interesado en franquiciar la marca Pimpi. Pues con todo el respeto –le dije– dígale que en China no habrá dinero para llevarse El Pimpi, pero no por nada sino porque hay cosas que no tienen precio. Nunca le he hecho caso a esto. Cuando hace dos años vino una delegación comercial de chinos a Málaga ya les dije que no se franquiciaba. A los que me plantean todo esto, yo les digo: ¿Se puede franquiciar la magia? El Pimpi es especial por el sitio donde está, porque por aquí han pasado todas la civilizaciones, porque hubo una vía romana. Todas esas esencias están ahí.

Vale, pero también porque usted ve las cosas de una cierta manera.
Pues eso es lo que hay. Al Gobierno alemán le ha pasado igual; a la reina de Bután, tres cuartos de lo mismo. Ella quería un Pimpi en Bután. En Marruecos también lo quieren como atracción turística.

Pero habrá tenido épocas difíciles en que no pensaría así.
No. El Pimpi siempre ha tenido el cariño de los malagueños, y así seguirá siempre que tú no te creas que eres más que un tabernero. Entonces estarás perdido. El único momento así fue en los ochenta, cuando se pusieron de moda los pubs. Todo el mundo quería un bar de estilo inglés. Hubo un leve bajón, pero nos pusimos al día en la música, sin tocar nada de muebles ni del edificio. Poníamos los últimos que llegaba a Candilejas. La gastronomía no existía.

Sus hijos han crecido en otro tiempo. A lo mejor ellos se lanzan a algún proyecto de franquicia…
Absolutamente. Uno ha hecho un máster en Esesa, con un trabajo que era precisamente sobre la franquicia del Pimpi viajero, para ellos sería un plus, pero yo… ni catering ni nada. ¿Un catering Pimpi? Que no señor, que quien quiera tiene que venir al Pimpi. El Pimpi no va a la casa de nadie, ni al jardín de nadie a poner canapés. Hay que venir al Pimpi. Esa es la mejor magia. Podíamos ser millonarios en dinero, millonarios con esto de la franquicia.

Pero El Pimpi habrá tenido épocas difíciles en que no hayan descartado alguna idea de venta.
No. El Pimpi siempre ha tenido el cariño de los malagueños, y seguirá siempre que no te creas más que un tabernero porque entonces estás perdido. El único momento así fue en los ochenta, cuando se pusieron de moda los pubs. Todo el mundo quería un bar de estilo inglés. Hubo un leve bajón, pero nos pusimos al día en la música, sin cambiar nada de muebles ni del edificio. Poníamos las novedades que llegaban a Candilejas. La gastronomía no existía. Lo de salir a comer estaba de moda.

El éxito de El Pimpi despierta envidias, incluso por esa solidaridad que algunos sólo ven interesada. El Pimpi apoya a montones de colectivos, cede los salones…
¿Envidia? Que copien lo que yo hago, porque podemos estar hablando de cientos de miles de euros. Que nos imiten. Mire qué fácil. Nuestros empleados saben todo lo que hacemos. Este lunes, por ejemplo, salen 90 literas en colaboración con Mi Colchón para Senegal, donde ya hemos hecho un dormitorio colectivo a través de Luna Nueva, una asociación de Coín. Se ha creado allí también un huerto, un pozo y un gallinero. Hacemos donaciones a India, Etiopía, pero también en la Cruz Verde, en los Ángeles de la Noche’ en San Juan de Dios.

¿A quién no le hace esos favores?
Todo el que llama a la puerta de El Pimpi no se va de vacío. ¡Ojo!, que sea cierto que lo necesita. El empresariado tiene la obligación de devolverle a la sociedad un poco de lo que recibe. De lo contrario seriamos ingratos y mezquinos. No miramos ni color, ni religión y ni ideología. Nuestro símbolo es el arcoiris con un águila debajo porque mira –señala a un cerro– allí hay crían dos águilas ratoneras. El arcoíris es una filosofía. El amor es lo que mueve el mundo. El amor con mayúsculas, el amor universal, el respeto, la fe, la hermandad. Si todas esas cosas se unen habría menos problemas en el mundo.

A que va a llevar razón aquel cura que le decía a su madre que apuntaba para cura.
(Jajaja). No hombre, no.

Hablando de llevarse bien. ¿No será usted de los hosteleros que piden más horarios, conciertos en terrazas…
Siempre que no hagan ruido.

¿Un concierto sin ruido?
Es muy complicado. Yo no estoy por eso ni por ampliar más sino por que hablemos todos, con los vecinos, pero no hay manera. En la guerra pierde todo el mundo; en el entendimiento, ganamos todos. El diálogo es lo más importante. Todos somos necesarios. Puedo entender que hay exceso de bares, pero si el comercio es libre, ¿cómo vetarlos? En tiempos de crisis siempre crece la hostelería, pero pienso que la oferta de calidad genera menos ruido, pero en esa guerra que dice no estoy. Con más horarios, más ganamos, dicen algunos, pero a lo mejor perdemos. No podemos convertir el Centro en un parque temático. Ahora vamos a hacer bares y restaurantes una campaña de navidad para colaborar con 40.000 invitaciones por la compra en los comercios, que van desapareciendo.

¿Cuál es su política de personal?
Hermandad. Y la necesidad. La escuela podemos ser nosotros. En El Pimpi no se despide a nadie. Se les guarda el sitio. Si vuelve porque no le sale bien, aquí está su casa.

Es usted un empresario atípico.
Yo no puedo mirar la caja de hoy. Esa la tuve que hacer hace años, y la de los años venideros, la tengo que hacer hoy. Si yo miro el día a día no me salen los números. ¿Sabe que plantilla tiene El Pimpi? Una nómina de 140 personas. Eso se consigue con la generosidad de los malagueños, que consideran El Pimpi su casa. Cuando me presentan como el dueño, digo que no, que es de los malagueños. Yo soy el que lo mantiene.

¿Si El Pimpi fuera una planta?
El árbol de la vida.

¿Mejor que la planta del dinero?
El Pimpi es el árbol de la vida.

 

Noticia original: Diario: http://www.diariosur.es/economia/empresas-malaguenas/201511/15/dinero-mundo-pueda-comprar-20151114202341.html
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