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Los lacayos que limpiaban el culo a los reyes

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 31/03/2019

Cuando los monarcas tenían a su disposición un aristócrata para que les limpiara el trasero tras usar el retrete

ANDALUCIA

Desde la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XX los grandes mandatarios o personas muy poderosas tenían a su servicio a una serie de lacayos que debían ocuparse de sus asuntos de higiene íntima y personal. Éstos les ayudaban a tomarse un baño, vestirse, en el aseo general diario y a limpiar su trasero tras haber evacuado en el retrete.

Un trabajo nada gratificante que en casi todas las culturas solía realizarlo personas de las clases más bajas pero que en algunas monarquías como Francia e Inglaterra tenía una excepción: era llevado a cabo por cortesanos de la mayor confianza del monarca, siendo en la mayoría de ocasiones relevantes personajes de la aristocracia.

Y a pesar de que se hace difícil pensar que un aristócrata se prestase a realizar tales tareas (consideradas por muchos como uno de los peores oficios que existen) debemos tener en cuenta que la figura del ‘Groom of the stool’ (en inglés) o del ‘Porte-coton’ (en francés) en realidad debía de ser llevada a cabo por alguien de total confianza de los monarcas, por el grado de intimidad que ello implicaba.

La expresión ‘Groom of the stool’ se traduciría literalmente como ‘Novio del taburete’, pero para ser más exactos y fieles su traducción sería ‘Encargado del retrete’ (e incluso hay quien lo denomina de una manera más burda como ‘Encargado del cagadero’). La variante francesa ‘Porte-coton’ viene a ser ‘Portador de algodón’, en referencia al paño confeccionado en algodón con el que se limpiaba las posaderas reales tras haber pasado por el retrete.

Poco se sabe de estos singulares empleados en las diferentes monarquías de la Europa continental. Se tiene sobrada constancia que el rey Luis XVIII de Francia y Navarra (quien reinó entre 1815 y 1824, tras la restauración de la monarquía) tenía a su disposición un Porte-coton, algo que fue causa de mofa (famosa es la caricatura que realizó el pintor Horace Vernet) e incluso de indignación por parte de los ciudadanos galos, en una época en los que los excesos y caprichos de la corona ya no estaban tan bien vistos como tiempos pasados, tras haber pasado la Revolución Francesa y los años del Imperio de Napoleón.

Sin embargo, ampliamente es conocida la larga lista de encargados del retrete real en Inglaterra, teniendo la primera constancia hacia mediados del siglo XV y dejando de existir tal cargo a partir de 1901, justo en el momento en que fue coronado como rey Eduardo VII del Reino Unido, aunque sí que lo estuvo utilizando durante sus años de juventud y mientras fue el Príncipe de Gales.

La lista de novios del taburete o cagadero real en Inglaterra llegó a tener hasta una cincuentena de nombres, todos ellos de insignes hombres entre los que se encontraban el adinerado Sir Anthony Denny (durante el siglo XVI para Enrique VIII), Thomas Erskine, 1er conde de Kellie (siglo XVII con Carlos I), William Seymour, 2º duque de Somerset (siglo XVII con Carlos II), Lionel Cranfield Sackville, 1er duque de Dorset (siglo XVIII con Jorge I), Charles Ingoldsby Burroughs-Paulet, 13º marqués de Winchester (siglo XIX con Jorge IV y Guillermo IV) o el último de ellos, James Hamilton, 2º duque de Abercorn (siglo XIX y principios del XX con Eduardo VII cuando era Príncipe de Gales).

Pero cabe destacar el nombre de John Stuart, 3er Conde de Bute, quien estuvo realizando el trabajo de encargado del retrete del rey Jorge III y todas las labores que ello conllevaba, como prepararle la letrina, limpiarle el trasero una vez terminado de evacuar y vaciar y limpiar dicho receptáculo. Estuvo ejerciendo este puesto entre 1760 y 1762 y tan solo un año después llegó a ser nombrado Primer Ministro de Gran Bretaña por el monarca.

Todos ellos tuvieron destacados cargos en la vida política y social de sus respectivas épocas.

Cabe destacar que el trabajo de novio del taburete no solo era limpiar al rey y el retrete real sino el procurar por la buena salud intestinal del monarca, preparar infusiones o dietas que le ayudasen a evacuar cuando estaban estreñidos o, en el caso contrario, contener el exceso de defecación cuando tenían diarrea.

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